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Herminia

SOY CHECOMACOCO

dice el descendiente indígena del viajero A.V. Frič

Por Yvonna Fričová (2009)

Esa idea se le ha pasado quizá por la mente a cada uno de nosotros: ¿Qué sucede si mañana el cartero llama a mi puerta y trae un telegrama que murió en América una tía mía que yo no conocía hasta el momento y que me había dejado por herencia un patrimonio? A mí me ha pasado esta primavera, sólo ha sido al revés. La tía no era mía, sino de mi marido, no vivía en EE.UU., sino en el Paraguay sudamericano, y no era tan desconocida porque apareció de repente ya hace un par de años, cuando tenía casi cien años. Y tampoco heredamos algo de ella: era aún más pobre de lo que pueda imaginarse cualquiera de nosotros. A pesar de ello, su legado cambió nuestra vida.

En el inhóspito Gran Chaco, a orillas del río Paraguay, se sitúa la población indígena Puerto Esperanza. ¿Esperanza de qué? Hace 25 años se reunieron aquí unas setenta familias de la tribu Chamacoco y empezaron a construir un pueblo. Algunos llegaron a pie, otros por el río en canoas y balsas. Sin tener herramientas limpiaron el monte y construyeron casas de madera.

El gobierno les regaló unos metros cuadrados para que pudieran asentarse en este lugar y dejar de ser indígenas. Sus antiguos campos de caza que se extendían sin fin por el Chaco, sus montes y sabanas, así como sitios secretos donde celebraban sus fiestas rituales, fueron divididos sucesivamente en lotes por los estancieros que quemaron todas esas plantas espinosas y arbustos molestos para que pudiera pastar allá el ganado. El interior del Chaco fue poblado por la comunidad laboriosa de los menonitas que sudando empezó a crear y regar campos para la agricultura. La civilización llegó a la ‘tierra del nadie’.

MATADORES DE EXPEDICIONES CIENTÍFICAS
La tía Herminia nació probablemente en el año 1905 o 1906, en esa época los Chamacocos no usaban todavía los números. Eran salvajes y libres, no era recomendable acercarse a ellos. La gente decía que son inaccesibles y ceñudos y que odian a los blancos. Muchos viajeros famosos y experimentados como Créveaux, Ibarreta o Boggiani, igual que cazadores sin nombre, se dirigieron a su territorio misterioso y nunca más se los vio.

La llanura pantanosa de difícil orientación, cubierta de interminables montes impenetrables de palmeras y arbustos espinosos rebosaba de víboras venenosas y animales bravos: leones, tigres, lobos y yacarés. En la época de lluvias es inundada por el agua, amarga e imposible de beber debido a las salinas, incubadora de mosquitos e insectos peligrosos. En la época de sequía la tierra se pone costrosa y se convierte en algo liso y recto, duro y calvo.

Los indígenas estaban obligados a mudarse constantemente de un lugar a otro y buscar alimentación y agua potable. A la cabeza caminaba un hombre-cazador, defensor de la familia, trayendo sólo su arco y flechas, preparado siempre para seguir un animal, y detrás de él la mujer con todas sus propiedades: sacos de cuerdas, una tienda de campaña, instrumentos de cocina, niños pequeños.

PATO NEGRO Y YACARÉ BLANCO
Durante riadas catastróficas a principios del año 1905 cuando el río Paraguay inundó con fuerza destructora el paisaje y la gente huía de las riadas al interior del país buscando tierra seca, un blanco extraño se sumó a un grupo de Chamacocos: no tenía ningunos recursos igual que sus guías indígenas, sólo un revólver y unos proyectiles y un caballo prestado. Un jovencito de 23 años, alto, flaco, bronceado y con pelo largo después de dos años de andar por tierras salvajes.

Los indígenas lo llamaban Niodchik-Yacaré Blanco; este animal pasó a ser su animal de tótem porque una vez se salvó sólo con un cuchillo ante una hembra de yacaré enfurecida que defendía a sus hijos. Los pobladores paraguayos le llamaban Karaí Pukú-Cazador Largo. Su nombre cívico era Vojtěch (Alberto) Frič y en su pasaporte, en el lugar donde se indica el nombre del país de origen, tachó Austria-Hungría y escribió con su mano por encima: El Reino Checo. La bandera con el león checo aparecía muchas veces en sus autorretratos fotográficos que tomaba en sus viajes: ¡Aquí es territorio checo! ¡Yo soy el primer hombre blanco que pisó esta tierra!

El agua expulsó al grupo lejos del territorio de los Chamacocos hacia la tierra de los clanes del interior. Diariamente libraban batallas por un lugar seco para pasar la noche con las serpientes, hormigas mordedoras y todos los bichos que se refugiaron allí, pero sobre todo con otros fugitivos indígenas cansados que no tenían ningunas ganas de encontrarse con ellos. Todos estos obstáculos hicieron que el grupo se unió más y Alberto incluso “recibió” la única chica soltera del grupo. No se oponía, Lorai (Pato Negro) era guapa, y sabía cocinar bien…

La continuación de esta historia romántica fue anotada por el nieto indígena de Frič, Rodolfo: “Apenas las aguas empezaron a bajar, decidieron volver al río. Avanzaban con dificultades, un pedazo de tierra tras otro. El abuelo experimentó en carne propia lo que sufrían los indígenas, incluida la permanente amenaza de los bichos cuyo veneno mata. Antes de su salida encargó a cuatro hombres para que cuidaran de su familia. Les dio escopetas y les mostró cómo usarlas para matar animales salvajes. Es que sabía que su esposa Lorai está embarazada y deseaba que se llamara Alberto si nacía un hijo, y si nacía una niña que la llamaran Herminia. Se fue del Paraguay antes de que naciera su hija Herminia y no volvió nunca más, no vio ni a su esposa Lorai, ni a su hija. Sin embargo, el Pato Negro no dejaba de esperar que su Yacaré Blanco regresara. Pero él no volvió nunca más, por muchos motivos su vuelta no se ha realizado nunca”.

Frič no mencionó nunca a su hija indígena por escrito, quién sabe si realmente sabía de su existencia. Y ella entró en la vida de su familia checa como una sorpresa tan solo en el año 2000, más de medio siglo después de la muerte del abuelo. La información inesperada sobre su existencia fue traída por dos cineastas jóvenes que vagaban por América siguiendo las huellas de Alberto.

ALBERTO VOJTĚCH FRIČ (1882-1944)
  • Entre los años 1901 y 1913 visitó cuatro veces a indígenas de América del Sur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay). Entre los viajeros de entonces destacaba por su relación humana hacia los aborígenes, entendimiento de su mentalidad y el arte de comunicar con ellos.
  • Adquirió para museos del mundo entero miles de objetos etnográficos, confeccionó diccionarios de idiomas indígenas, apuntaba mitos, tomaba fotos, publicaba en revistas, escribía libros.
  • Entre los años 1923 y 1929 se dirigió tres veces a México y la región central de América del Sur para buscar cactus. Describió decenas de especies recién descubiertas, trajo miles de semillas y plantas, creó nuevas especies mediante la enjertación, hibridización e irradiación.
  • HERENCIA RESUCITADA
    Cuando mi esposo y yo visitamos en el año 2002 por primera vez a la tía Herminia, fue una sensación muy rara. Como si el Cazador Largo, que había muerto hace años, con su legendaria camisa roja que hacía invisible al hombre en la oscuridad, se sentara entre las sombras al fuego a orillas del Paraguay que hizo su nieto indígena Rodolfo, de sesenta años de edad, para su primo Pavel, nieto checo de Frič de casi cincuenta años de edad. A.V. Frič dedicó su último libro ‘Indígenas de América del Sur’ (1943) con tristeza a “sus amigos que fueron extinguidos como les mandaban el honor y las leyes”. Poco después se rompió, dicho sea en el idioma indígena figurativo, su propio arco, su alma fue soltada para que pudiera cazar en el imperio de las sombras las almas de avestruces y agasajar a las almas de sus antiguos anfitriones. Si las almas se van realmente a los campos de caza eternos, le dijeron seguro que se había equivocado. Los indígenas Chamacocos sobrevivieron el choque con la civilización blanca; sin embargo, ésta les quitó durante esos cien años todo a lo que estaban acostumbrados a lo largo de siglos. Hoy ya no pueden pasear libremente por la naturaleza, cazar, recoger frutos en el monte, pescar, hacer fuego y acampar donde quieran. Su paraíso perdido desapareció debido a empresas que cortaron los árboles, y luego los estancieros lo dividieron en lotes y rodearon los pastos para el ganado con alambres de púas. Tres generaciones eran suficientes para que hoy día los indígenas vivieran asentados en varias comunidades, cocieran espagueti en una bomba de gas, escribieran SMS sin tener que comunicarse algo importante y bailaran en trajes paraguayos nacionales danzas de vaqueros en la tradicional fiesta y eligieran a su Miss con una corona de lentejuelas en la cabeza. La joven generación quiere tener poco común con el pasado.

    INFORMACIÓN PARA EL PUEBLO DE ESTE PAÍS
    Al cabo de otros dos años después de conocer a nuestra familia paraguaya (cuenta con unas doscientas personas en cinco generaciones, Herminia misma tenía cinco hijos), cuando intercambiamos varias cartas de cortesía y enviamos algunos calendarios con las bellezas de la República Checa cubiertas de nieve, llegó una carta de Rodolfo que tuvo consecuencias serias. “Desearía que informaran al Gobierno y al pueblo de su país”, estas palabras ingenuas constaban en la carta, “que en Paraguay existen indígenas de origen checo que necesitan ayuda y apoyo de sus compatriotas para que puedan empezar a vivir como las demás personas. No pido esta ayuda a ustedes porque sé que ustedes mismos tienen una familia de la que tienen que cuidar. Sé muy bien que la vida de los blancos es más difícil, más complicada y más costosa que la nuestra y por eso no desearía que fuéramos una carga para ustedes. Mi idea es que ustedes podrían escribir un documento y entregarlo a una oficina pública. Creo que lo conseguirán porque conocen la vida en su ciudad y saben manejar todos esos papeles suyos”.

    Este ha sido el embrión de la asociación cívica Checomacoco. No surgió enseguida porque tardamos mucho tiempo en decidir si podemos aceptar este compromiso. Preguntamos mucho a la gente que ayudan en distintas partes del mundo, y comparábamos sus experiencias con nuestras posibilidades y opiniones sobre la ayuda al desarrollo. ¿Es el “desarrollo” y el “avance” un valor positivo? En el Chaco condujo a los indígenas a la situación actual cuando renunciaron a su estilo de vida original. No lo pensaron mucho, se adaptaron. No viven aislados artificialmente en una reserva como sus vecinos brasileños al lado opuesto del río. Tienen cédulas de identidad y sus votos son comprados antes de las elecciones por candidatos de todos los partidos políticos. Las leyes paraguayas (aunque nadie las respeta mucho y la corrupción es omnipresente) posibilitan que las comunidades indígenas posean tierra. No es mucho en comparación con sus campos de caza sin fin originales, una hectárea por familia, pero en un país donde el 75 por ciento de la tierra pertenece al tres por ciento de la población, es un buen comienzo. Bueno, en caso de que esta propiedad no se pierda por culpa de “líderes” indígenas agalludos –así llama la ley a los que son elegidos por sus comunidades para que las representen para afuera y las autoridades lo tengan más fácil para tenerlos bajo el control–.

    OLA MARINA DE LA REPÚBLICA CHECA
    Apenas dos mil Chamacocos fueron acabando definitivamente desde los años 80 del siglo pasado con su vida nómada y adquirieron cinco poblaciones con terrenos adyacentes a lo largo del río Paraguay. “Los montes fueron explotados y los ecologistas nos prohibieron cazar tigres y caimanes. Hay cada vez menos peces y se puede pescar con una red solo varios meses al año. Encontrar otro sustento de vida es difícil”, dice Rodolfo.

    El sueño de todos es criar sus propias vacas, no trabajar solamente por una limosna para los estancieros ricos. Otros intentan cultivar algo en sus pobres chacras salinizadas que están bajo el agua la mitad del año y otros seis meses no cae sobre ellas ni una gota de lluvia. Algunos desearían enviar a sus hijos a una universidad, otros estarían contentos si una señora de la ciudad tomara a su hija adolescente como sirvienta y niñera. Algunos son escogidos por los propietarios de los terrenos cercanos para trabajar para ellos durante unas semanas, algunos fabrican canastas de hojas de palmeras o tallan esculturas de animales. La mayoría de los hombres se dedica a la pesca, pero cuando llueve y ni un camión puede pasar por el barro del Chaco, no hay dónde vender el pescado. Algunos roban el ganado en Brasil, otros cazan ilegalmente y otros compran de ellos las pieles clandestinamente. Hoy todos necesitan dinero.

    Un alcalde, un diputado del concejo del distrito, un enfermero y seis maestros cobran sueldo como empleados del Estado. Muy pocos han cambiado hasta el momento la vida simple en el campo por el estrés de la capital. Hasta el momento sólo pocas muchachas se ganan la vida como prostitutas en el Aquidabán. Hasta ahora hay entre ellos sólo un adicto al alcohol al que le mandan de una comunidad a la otra cuando ya están hartos de él.

    “Yo, como el cuarto hijo de Herminia”, explica Rodolfo, “me he esforzado siempre por mejorar mi vida. Conseguí un sueldo pequeño pero permanente como enfermero y me gustaría dedicarme todavía a la cría del ganado. Sé que la cría del ganado trae desarrollo y manutención y que podría resolver nuestros problemas. Es mi sueño y mi esperanza tener mi propia propiedad que puedan usar mis descendientes. Quizá se cumpla este deseo nuestro y llegue a nuestras casas con ayuda de nuestros checos europeos como una ola marina”.

    El dinero checo que empezó a fluir en los últimos tres años a este rincón olvidado de Paraguay es más bien un pequeño arroyo que una ola tsunami: son billetes de cien y mil coronas checas de donantes pequeños, a menudo de lectores de los populares libros infantiles de A.V. Frič; sin embargo, es suficiente para alcanzar bastante.

    AYUDA ASISTENCIAL
    El primer paso fue una larga conversación con la gente en Puerto Esperanza. Fuimos a preguntarles cómo se imaginan nuestra ayuda y qué harían con los recursos adquiridos. Es que llamamos nuestras actividades ayuda asistencial, no queremos ofrecer nuestras propias ideas, sino ayudar allí donde ellos mismos tengan dificultades por distintos motivos para realizar sus ideas. Vimos directamente en el pueblo cuan poco tiempo perduran los regalos hechos con una buena intención, pero sin haber sido pedidos, y los proyectos generosos que nadie ha consultado con ellos. ¿Para qué sirve un puesto de salud en una aldea donde no hay médico ni en el lugar ni en los alrededores? ¿Para qué lámparas fluorescentes en el techo y un baño con un retrete de porcelana si en la aldea no hay electricidad ni un conducto de agua?

    De las consultas en conjunto salieron varias prioridades que decidimos respetar. En primer lugar no está la salud, el agua potable o la educación como considerábamos nosotros de antemano. Quisieran aprender primero a cuidar de sí mismos en las condiciones nuevas, ganarse la vida para que nunca más necesitaran ayuda de alguien. Quisieran echar nuevas raíces como agricultores, pero no lo saben, no tienen ningún ejemplo ni condiciones para empezar. Quisieran saberlo todo como nosotros, pero no tienen ni idea dónde lo aprendimos. Saben que los que más gritan en la capital para que reciban gratuitamente alimentos, semillas, medicamentos o dinero no tienen ningún motivo para trabajar, sólo para echar una u otra vez la mano y hablar de los derechos humanos. Es cómodo pero no tiene perspectiva. Si son capaces de ganarse algo, ellos mismos pagarán lo que hace falta en la comunidad por el momento.

    Para que pudieran recibir dinero de la República Checa de manera legal y transparente, ayudamos a los descendientes de la hija indígena de Frič, Herminia, a fundar una asociación de “compatriotas” registrada por ley. Fue la primera victoria pequeña, en el sistema local burocrático y corrupto es una cosa prácticamente imposible para campesinos con poca experiencia. En el acta de la primera reunión consta: “El secretario Cándido informó a todos los miembros que los familiares y amigos de la República Checa se preocupan mucho porque recibieron de las autoridades paraguayas malas noticias: no es posible creer que los indígenas paraguayos mejoren su vida algún día y sepan cuidar de sí mismos, y si obtienen ayuda, la venden enseguida o la desperdician de otra manera. Después leyó cartas que recibió de la República Checa mediante Internet, y de las que todos los miembros comprendieron que los familiares y amigos checos piensan otra cosa”.

    VACAS CHECAS EN GRAN CHACO
    No duró ni un año y nosotros reunimos recursos para la compra de una manada básica de ganado que se cría para la carne. A los donantes checos les gustó la idea de “adoptar una vaca a distancia” y darle un nombre: Líza, Jitka, Stračena, Malina, Kopretina... Cuando volvimos a encontrarnos en otoño de 2006 en Paraguay, nosotros sacamos un paquete de dólares y ellos ya tenían construidos corrales y pastos rodeados de alambres. Nosotros supervisamos los registros necesarios, los RUCs, etc., escribanos y auditores con sus formularios fiscales, ellos escogieron en una estancia seleccionada a 140 terneros de un año de edad y vaquillas de dos años y dos vaqueros, los más experimentados, las condujeron por las planicies del Chaco a Puerto Esperanza. Pasaron seguros a través de un incendio en el monte y durante veinticuatro horas las marcaron como estipula la ley local. Compramos tres toros de pura raza: Cyril, Laredo y Žižka. Desde aquel momento la manada se ha duplicado aunque Laredo fue picado por una víbora de cascabel, unos terneros murieron a causa de comer cenizas, otros fueron matados por un tigre y una vaca fue sacrificada por los Chamacocos cuando la abuela festejaba su cumpleaños. Dos vaqueros cuidan de la manada a tiempo completo y sus hijos crecen a caballo, algunas familias aprendieron a ordeñar las vacas y fabricar queso. Los comerciantes de la región ya se interesan por la carne de los toritos, hará falta vender algunos de los animales nacidos para que haya dinero para la vacunación de terneros nuevos. Un joven empezó a estudiar en la Facultad Veterinaria, dos muchachas fueron admitidas para estudiar en una escuela secundaria de agricultura; apoyamos a una estudiante de medicina y una profesora futura.

    Preparamos la construcción de un simple conducto de agua e intentamos equipar las chacras con bombas a mano y mangueras para el riego. El año pasado se reparó con el dinero checo la escuela local, a los niños les compramos desde hace cuatro años por lo menos los utensilios escolares básicos que más necesitan y suministramos a la comunidad medicamentos básicos. No siempre entendemos todo y dura toda una eternidad hasta que logramos acceder a la información y noticias desde el fin del mundo donde se sitúa Esperanza. No todas las noticias son un motivo para la alegría, pero es mejor saber de los problemas e intentar resolverlos que hacer frente a una catástrofe cuando ya es tarde. No todo es ideal porque la gente es igual en todas las partes y el cacique de los Apaches Vinnetou era solo una ficción literaria.

    “Soy pariente de personas de Europa donde todos son tan suaves, tienen vestidos bellos, están educados y asegurados”, dice hoy Rodolfo con orgullo de sí mismo. “Viven en un continente lejano pero a pesar de ello estoy en contacto con ellos. Saben enviar mensajes por el aire mediante aparatos electrónicos y los jóvenes de mi familia lo saben también. Tengo la esperanza de que con la ayuda checa mi familia y los demás Chamacocos alcancen un nivel de vida mejor para que podamos ser como las demás personas civilizadas”.

    Traducido por Andrea Fajkusová